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viernes, 9 de abril de 2010

¿Por que me hice hincha de Gimnasia?


¿Por que me hice hincha de Gimnasia?

Mas allá de un motivo totalmente personal, relacionado al compañerismo y el compartir con la persona amada su pasión, otros fueron los motivos.
Verdad sea dicha, no soy futbolera... Amante de Botafogo y su romantica Estrella Solitaria, nunca acompañe los partidos ni lo he ido a ver.
Mi experiencia de hincha en realidad se resume a algunos partidos de Copa del Mundo, alentando a mi país por una pantalla.
Entonces:¿Por que hincha de Gimnasia? Porque fue el primer equipo que fui a ver a una cancha. Me emocionó ver la sencillez de su hinchada, que sin soberbia tiene como prioridad alentar a su equipo, sin entrar en el fatal juego de la violencia moderna.
Lo que vivi en este dia fue una maravillosa experiencia de trabajo en equipo... Una hinchada unida en el proposito unico de conexión y motivación a su Gran Amor.
Como poeta romantica, el amor siempre me gana mas alla de la razon. Me ha tocado el alma ver familias enteras desde nietos a abuelos, unidos en este momento. Adolescentes y mayores. Hombres y mujeres... Al ver la hinchada junta, me dió la sensación de luchadores. Todos con apariencia de gente de bien, obligados por la entrega de la pasión a estar unidos, sacando adelante un equipo sufrido y muchas veces escaso de recursos.
Me hice hincha de Gimnasia por la humildad y entrega de cada uno de ustedes, y por alguién que ya no está entre nosotros, pero que al escuchar relatos de su historia como hincha, le hago honor como a todos aquellos que de niños fueron llevados por el a este espiritu de perseverancia y actitud guerrera.
Por el sentido de pertenencia que solo genera el amor incondicional, hoy pido humildemente el bautismo de “Tripera”

jueves, 18 de marzo de 2010

El hincha


El hincha
Eduardo Galeano

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.

Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.

Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.

Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.

Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.


Eduardo Galeano
El fútbol a sol y sombra (1995)